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¿Qué es la Junta Intercooperativa
de Productores de Leche?

 
  15 cooperativas socias.
5.000.000 de lts. de leche/día.
6.000 trabajadores.
2.400 tambos.
28 plantas industriales en el país.
40 centros de distribución.
200 representantes y distribuidores.
40 países clientes de la cooperativa.

La Junta Intercooperativa de Productores de Leche (JIPL) fue fundada en julio de 1954, y está integrada por las cooperativas lácteas más importantes del país, que se encuentran en distintas provincias de la Argentina, agrupando a los productores de leche que industrializan su propia materia prima.

El principal objetivo de la entidad es la defensa de los intereses de los productores lecheros y de las cooperativas que ellos integran. Es decir, nace con el productor agropecuario lechero, que a su vez tiene a su cargo la administración de la “empresa cooperativa”, y finaliza en el consumidor del producto lácteo terminado, transitando por lo tanto el camino que comienza en la leche cruda en el tambo hasta la góndola del supermercado o almacén.

Esta condición es quizás la mayor diferencia entre una empresa láctea cooperativa y las restantes industrias del rubro, ya que nuestra responsabilidad se inicia con la recolección de la leche del asociado, continúa con un adecuado destino y proceso de elaboración y finaliza con el producto final a disposición del consumidor.

Dicho así pareciera algo sencillo y normal, no obstante no son pocos los eslabones y actores que deben ser atendidos en este “circuito” que realiza la materia prima hasta alcanzar el mercado interno o el externo.

Lo que no se ve

En esta cadena de valor cooperativa el productor es el punto de partida, es decir, el “dueño” de la entidad a la que pertenece, que a su vez debe asumir la responsabilidad de integrar el consejo de administración y conducir los destinos de la misma.

Además de la cuota de responsabilidad, la condición de asociado a una cooperativa le permite al productor integrarse hacia delante en los mercados, y conocer de cerca el proceso de formación del precio de su producto primario, y eventualmente, influir también en el mismo.

La membresía cooperativa también genera beneficios para el productor en su condición de tambero, toda vez que le permite recibir insumos bajo condiciones especiales, capacitación, asesoramiento e incluso también apoyo para inversiones de infraestructura, como ha sido el caso de los caminos mejorados en zonas rurales.

Por todas estas razones, decimos que para el productor cooperativo hay cosas que están, pero que no se ven, y que deben ser puestas en la balanza a la hora de analizar el funcionamiento de nuestras entidades, todas con más de 50 años de historia.

La representación

Muchos se preguntan si la Junta Intercooperativa representa y defiende a la producción primaria o a la industria láctea. La respuesta es muy fácil, la JIPL representa a ambas etapas de la cadena láctea, y de allí su carácter distintivo. Si al necesario proceso de producción primaria, no se le agrega una eficiente transformación y una adecuada y no siempre sencilla comercialización del producto final, la cadena de la que hablamos se rompe y el principal perjudicado será el productor.

Más arriba señalamos que los asociados tenían la responsabilidad de conducir los destinos de la empresa cooperativa, y este no es un punto menor porque ello significa que deben administrar dinero y bienes que no son propios, que pertenecen al conjunto, y al respecto deben rendir cuentas como mínimo una vez al año en asamblea ordinaria, pero también lo deben hacer en cada acción administrativa, en cada declaración pública o con la representación de la empresa cooperativa en los distintos ámbitos de la sociedad, inclusive en el exterior porque las nuestras marcas cooperativas poseen una fuerte presencia en dicho ámbito.

Para una empresa láctea cooperativa la figura del productor no es la de un mero proveedor de leche, sino que es el objeto final de su actividad, sin importar cuestiones de tamaño o ubicación geográfica. Este concepto tiene valor desde un punto de vista comercial, pero también es más abarcativo, como lo demuestra el compromiso histórico de las cooperativas con el desarrollo productivo y empresarial de sus asociados.


 
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